El aluminio y el Alzheimer ¿Causalidad, variables ocultas o pura casualidad?

Después del oxígeno y del silicio, el aluminio es el tercer elemento más abundante de la corteza terrestre. Es un elemento omnipresente que nos rodea por todas partes y de ninguna manera podemos dejar de estar en contacto con él ya que es un constituyente mayoritario de la tierra que pisamos, la tierra que cultivamos, los ladrillos con que se hacen las casas, el cemento con que se unen esos ladrillos, los platos de cerámica en que comemos y en los últimos tiempos incluso en forma metálica lo usamos para envolver los bocadillos. Se sabe también que los enfermos de Alzheimer tienen un contenido en aluminio más elevado de lo normal en el cerebro. ¿Es entonces el aluminio en el cerebro la causa del Alzheimer o es tan solo una consecuencia casual? ¿Hay alguna variable oculta que se nos escapa?

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El aluminio

El aluminio es el elemento químico número 13, de símbolo Al. Tiene un peso atómico medio de 26.98 gramos por cada mol. Eso quiere decir que un número de Avogadro de átomos de aluminio (6,023·1023 ó 602,300,000,000,000,000,000,000 átomos) pesa por término medio esos 26,98 gramos. Esta masa media es el resultado de la existencia de dos isótopos (variedades iguales químicamente pero de distinto peso atómico) de aluminio naturales, uno el más abundante, totalmente estable, de peso atómico 27 (más del 99,9% en peso del total) y el otro algo más liviano que pesa 26 y es radiactivo. También hay otras 20 variedades o isótopos pero todos artificiales y radiactivos.

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Figura 1.- Una antigua denominación de la corteza continental y la capa más superficial de los fondos oceánicos era “sial”, en referencia a que está formada fundamentalmente por silicatos de aluminio. La capa debajo de ésta, más densa, formada fundamentalmente por silicatos de magnesio se le denominaba “sima”

Como ya se ha dicho más arriba es el tercer elemento más abundante de la corteza de la tierra, en especial de la corteza continental, y en forma de silicatos de diversas estructuras representa la mayor parte del suelo que pisamos, las rocas, las montañas, prácticamente todo lo que nos rodea y sostiene. Además la tierra y las rocas son los materiales básicos que ha usado el ser humano para sus construcciones, instrumentos y ajuar, por lo que el aluminio forma parte de las paredes, suelos y techos de nuestras viviendas, o de la cerámica desde la más basta hasta la porcelana china más fina.

 

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Figura 2.- La arcilla está constituida fundamentalmente por silicato hidratado de aluminio, AlO3 · 2SiO2 ·H2O, más diversas impurezas que le aportan color y modifican sus propiedades que incluyen hierro, calcio, sodio, potasio, magnesio y otros elementos

 Aparte de la arcilla el aluminio está presente en el alumbre, que es el sulfato doble de aluminio y potasio hidratado con 12 moléculas de agua, KAl(SO4)2·12H2O. Esta sustancia ha sido utilizada ampliamente en muchas aplicaciones tanto antiguas como más actuales. Son destacables:

  • Mordiente para tintar tejidos. El aluminio presente en el alumbre es trivalente, con carga eléctrica positiva, Al3+, y por acción electrostática se adhiere a la superficie de los tejidos de lana o algodón, haciendo de puente con los colorantes para que estos a su vez se adhieran fuertemente al tejido.
  • Conservante en cueros y pieles para que no les ataquen los insectos. También es útil en taxidermia.
  • Tiene efectos astringentes y por ello se ha utiliza en medicina para tratar las aftas bucales, sangrado de encías y cistitis hemorrágicas.
  • Se usa como coadyuvante en las vacunas porque incrementa su eficacia.
  • Retardante de llamas, por lo que se emplea para impregnar telas, madera y papel para que sean resistentes al fuego. También se usa en extintores.
  • Ya desde la antigua Roma se ha empleado como clarificador del agua potable. Los iones Al3+ atraen electrostáticamente las partículas en suspensión para formar coágulos pesados que sedimentan. Actualmente es el coagulante habitual en agua potable y en agua de piscinas.
  • En cosmética se utiliza en desodorantes y antitranspirantes para evitar el sudor y por su ausencia se evita el mal olor corporal.

El almagato es otro compuesto de aluminio de gran interés médico. Es un carbonato básico de aluminio y magnesio de fórmula molecular Al2Mg6(OH)14(CO3)2 · 4 H2O. Como se puede observar cada molécula de almagato contiene nada más y nada menos que 14 grupos OH que, en presencia del ácido del estómago, se liberan lentamente y lo neutralizan. Además como es muy insoluble y no se absorbe, es ideal para el tratamiento de la gastritis y otras afecciones que provocan acidez estomacal. Se comercializa bajo las marcas Almax® y Gaviscon® entre otras.

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Figura 3.- Almax constituido por almagato es una importante fuente de aluminio

 

Aunque el aluminio se encuentra prácticamente en todas partes, el elemento en forma metálica, como tal, no combinado con otros elementos, no se pudo aislar hasta tiempos muy recientes. El físico y químico Hans Christian Ørsted encontró en 1825 la forma de aislarlo y producirlo industrialmente mediante electrolisis de bauxita fundida (óxido de aluminio o alúmina)

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Figura 4.- Hans Christian Oersted además de descubrir el aluminio metálico fue quien encontró que las corrientes eléctricas producen campos magnéticos. Es decir, descubrió el electromagnetismo, origen de la electricidad moderna, el funcionamiento de los motores eléctricos, etc. El mundo actual no “funcionaría” sin su descubrimiento

Al principio el aluminio metálico era más caro incluso que el oro, pero sus extraordinarias propiedades tanto fisicoquímicas como mecánicas impulsaron las mejoras en el procedimiento electrolítico de Ørsted y actualmente es un metal muy económico y con multitud de aplicaciones. En el video adjunto se explica en detalle el método de fabricación.

Video de YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=hyjsxvr0vdo

El aluminio metálico lo encontramos hoy día en cualquier lugar desde aluminio en forma de lámina fina para envolver o proteger alimentos, pasando por latas de bebidas, mobiliario, marcos de ventanas, etcétera. El aluminio, aleado con otros metales con el objeto de mejorar su resistencia mecánica y también por su muy baja densidad, es el metal con que se construyen los aviones. La aviación sería imposible sin el aluminio. Y un bocadillo envuelto en aluminio está, por qué no, como más rico 😉

 

La enfermedad de Alzheimer

La enfermedad de Alzheimer se denomina así porque fue descrita por primera vez en 1906 por los psiquiatras Emil Kraepelin y su compañero Alois Alzheimer, quien descubrió las bases neuropatológicas de esta enfermedad. Es un tipo de demencia que consiste en la pérdida progresiva de la memoria conforme van muriendo neuronas y se atrofian distintas zonas del cerebro. El resultado final es la pérdida progresiva de todas las capacidades intelectuales y físicas que finalmente conducen a la muerte. No hay que confundir los síntomas del Alzheimer con otro tipo de manifestaciones resultantes del estrés o de la edad.

Aparte de los síntomas mentales antedichos, la enfermedad se diagnostica de forma más fehaciente tras autopsia del cerebro porque aparecen acumulaciones de lo que se denominan  placas seniles y ovillos neurofibrilares. Las placas seniles están constituidas por depósitos de beta-amiloide fuera de las células del cerebro, entre los intersticios de ellas, en la denominada sustancia gris. La beta-amiloide es un polipéptido (un trozo de proteína de tamaño relativamente pequeño) que parece ser que tiene características neurotóxicas. Procede de una proteína, la APP, que se encuentra entre las conexiones o sinapsis entre neuronas con una función que se cree que es de regulación de esa misma sinapsis.

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Figura 5.- La APP mediante un proceso enzimático es cortada por una zona específica siendo el trozo extraído el polipéptido beta-amiliode que tiende a acumularse.

Los ovillos neurofibrilares están constituidos por las denominadas proteínas tau que se forman dentro de los microtúbulos de las neuronas enfermas. Estos ovillos también se encuentran en pacientes que sufren la enfermedad de Creutzfeldt-Jakob (la conocida popularmente como enfermedad de las vacas locas), en pacientes con parálisis supranuclear e incluso  con  demencia frontotemporal. Esto induce a pensar que los ovillos neurofibrilares no son los causantes de la enfermedad de Alzheimer sino una consecuencia de ella. Además se sabe que las placas seniles de beta-amiloide normalmente asociadas a estos ovillos neurofibrilares de proteína tau aparecen muy frecuentemente con la edad. Por ejemplo a los 60 años el 10% de las personas tienen placas seniles de beta-amiloide y a los 80 años sube hasta un 60%. Esto indica que también forman parte del proceso fisiológico de la vejez.

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Figura 6.- Las neuronas sanas contienen proteínas tau que sirven como estabilizadores de los microtúbulos pero en el caso de las neuronas enfermas los microtúbulos se desintegran y las proteínas tau forman aglomerados en forma de ovillos

Como se ve, incluso la presencia de las acumulaciones de beta-amiloide y de ovillos tau que caracterizan histológicamente la enfermedad de Alzheimer, no es exclusiva de esta enfermedad, y además no podría decirse que son la causa sino una  consecuencia de ella.

Por tanto, la causa primera de la enfermedad de Alzheimer no es conocida aunque se tienen distintas hipótesis más o menos fundamentadas, y entre ellas la del aluminio. Los cuatro grandes grupos de hipótesis son:

  1. Hipótesis colinérgica. Es la hipótesis más antigua y se basa en suponer que la enfermedad de Alzheimer es consecuencia de la reducción del neurotransmisor acetilcolina. La acetilcolina es una sustancia que se genera en el organismo a partir de la colina (vitamina B7) y la  acetil coencima-A (abreviadamente acetil CoA) y tiene funciones tremendamente importantes. La acetilcolina es responsable de la contracción de las fibras musculares, participa en la actividad del cerebro, controla el sistema nervioso autónomo con consecuencias en la frecuencia cardiaca, en la producción de saliva, en la función sexual eréctil, en el funcionamiento del intestino, en la micción de orina, en efectos broncoconstrictores de los pulmones, entre otras notables funciones. Los enfermos de Alzheimer en el desarrollo de la enfermedad sufren síntomas típicos de la deficiencia de acetilcolina, y es por ello que los tratamientos farmacológicos de estos pacientes están relacionados con restablecer los niveles normales de esta substancia. El problema que se ha encontrado es que si bien hay una cierta mejora, ésta no es determinante por lo que la enfermedad de Alzheimer debe incluir otras causas o bien una vez desarrollada la enfermedad restablecer los niveles de acetilcolina pueden no ser suficientes ya para curarla.
  2. Hipótesis genética. Esta hipótesis sí parece estar muy clara en los casos en que el Alzheimer aparece de forma muy temprana, incluso con 40 años o menos, aunque no tanto en los enfermos ancianos. Los que enferman tempranamente de Alzheimer siempre tienen antecedentes familiares y esta condición la pueden transmitir a sus hijos. Parece ser que están involucradas mutaciones en genes situados en el cromosoma 21, en el 14 y en el 1. Hay que destacar que el cromosoma 21 es el que se encuentra triplicado en las personas con síndrome de Down. Personas con este síndrome ya a partir de la temprana edad de 35 años en un porcentaje igual o superior al 25% tienen síntomas de la enfermedad de Alzheimer. Conforme se hacen mayores la probabilidad de padecerla se incrementa. No obstante tener síndrome de Down no implica necesariamente desarrollar Alzheimer, sino que la probabilidad es mucho más alta que en la población normal.
  3. Hipótesis metabólica. Esta hipótesis reciente propone que muchas demencias y entre ellas la enfermedad de Alzheimer son debidas a desordenes metabólicos, en especial con la hiperglicemia y la resistencia a la insulina. La insulina no solo es útil en el control de la glucosa en sangre sino que además parece que juega un papel importante en el sistema nervioso central.
  4. Otras hipótesis. Entre ellas está la que plantea que un falta de Vitamina D está correlacionada con la propensión a padecer Alzheimer. También se propone que el Alzheimer tendría un origen infeccioso provocado por virus o por priones (como en el caso de las “vacas locas“), así como efectos tóxicos de distintos metales, incluidos aquellos que tienen funciones conocidas en el metabolismo, tales como hierro, zinc, cobre, plomo y mercurio. Pero de entre todas las hipótesis de posibles efectos neurotóxicos de metales destaca el aluminio. En esta última hipótesis nos vamos a detener un poco.

 

La hipótesis del aluminio

Esta hipótesis plantea que el aluminio se acumula con la edad en el cerebro y esto es lo que provoca la aparición de las placas seniles de beta-amiloide y los ovillos de proteínas tau. Esta afirmación viene soportada porque, en efecto, si se inyecta aluminio en el cerebro de animales de experimentación se produce un efecto neurotóxico muy patente similar a los efectos neuronales del Alzheimer. Además como la enfermedad de Alzheimer se suele producir a edades avanzadas, cuando el aluminio presenta mayores acumulaciones en el cerebro, esa correlación podría ser otra justificación epidemiológica.

En las siguientes imágenes se muestran ejemplos de datos que apoyan esta informaciones.

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Figura 7.- Neuronas de rata tratadas con aluminio frente a neuronas humanas con Alzheimer y alto contenido de aluminio. El aluminio se reconoce por la coloración magenta resultante del método de Walton de teñido. Se observa que las células de rata conforme se les va incorporando aluminio, éste ocupa mayor espacio celular y se producen modificaciones en la forma de las células de forma similar a lo que ocurre con neuronas humanas de enfermo de Alzheimer con elevados niveles de aluminio. Fuente: J.R. Walton (2014)

 

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Figura 8.- Niveles medios de aluminio cerebral en seres humanos según su edad. Con los años los niveles medios se van incrementando. Estos valores son aproximados ya que hay personas que retienen mucho más aluminio que otra. Normalmente las que presentan mayores niveles suelen padecer la enfermedad de Alzheimer. Fuente: W.R. Markesbery y colaboradores (1984)

 

Controles sanos (µg/g tejido cerebral) peso seco Enfermos Alzheimer (µg/g tejido cerebral) peso seco
Medidas de aluminio cerebral Promedio Error Promedio Error
Estudio de Andrási y colaboradores (2005)
Corteza entorrinal (memoria y orientación) 1,5 0,9 10,2 9,0
Hipocampo (memoria y orientación) 1,4 0,6 4,9 3,0
Cortex frontal [parietal] (conducta) 1,8 0,6 6,8 4,3
Cortex frontal [basal] (conducta) 2,5 0,7 6,4 2,9
Estudio de Xu y colaboradores (1992)
Giro temporal medial y superior (percepcion emociones, lenguaje…) 1,4 1,1 2,9 1,3
Lóbulo parietal superior (lenguaje, lectura, cálculo) 1,7 1,4 3,8 2,5
Hipocampo (memoria y orientación) 1,5 0,9 2,7 1,6
Giro frontal medio (funciones ejecutivas) 1,7 0,8 2,1 1,1

Tabla con valores de aluminio cerebral expresado en microgramos de aluminio por gramo de cerebro seco según los estudios de Andrási y colaboradores (2005) y de Xu y colaboradores (1992) en distintas zonas del cerebro indicándose las funciones que tienen, con valores promedios y el error asociado a esos valores, tanto para individuos sanos como individuos que padecen la enfermedad de Alzheimer.

Los valores vienen expresados como microgramos de ion aluminio por gramo de tejido cerebral en peso seco. En otras palabras, y para entendernos, 1 microgramo de aluminio por gramo de cerebro significa que de 1 millón de partes de cerebro solo 1 parte es aluminio y 999.999 son cerebro seco. Si tenemos en cuenta que el cerebro contiene sobre un 75% de agua, si ahora se considera el agua, 1  microgramo de aluminio por gramo de cerebro significa que hay ese microgramo de aluminio ahora en 4 millones de partes de cerebro húmedo, es decir 1 parte es aluminio y 3.999.999 partes son cerebro húmedo. Como se aprecia las cantidades de aluminio son extremadamente pequeñas. Incluso los mejores métodos analíticos tienen dificultades para determinarlas con precisión.

En las figuras siguientes se muestran en gráficos de barras los valores anteriores para mejor visualización.

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Figura 9

En azul individuos sanos y en rojo individuos con enfermedad de Alzheimer. La altura de la barra representa el nivel promedio de aluminio en las distintas partes del cerebro que se han estudiado  y el segmento vertical indica el error asociado a estos promedios. Por ejemplo, en las barras del lóbulo parietal superior  los individuos sanos tiene de promedio 1,7 microgramos de aluminio por gramo de cerebro, pero con un error asociado de 1,4 microgramos por gramo de cerebro. Es decir, el contenido de aluminio oscila en la mayoría de los casos entre 1,7-1,4 = 0,3 microgramos y 1,7+1,4 = 3,1 microgramos. Para la misma zona cerebral los individuos con Alzheimer presentan niveles de aluminio que van desde 3,8-2,5 = 1,3 y 3,8+2,5 = 6,3 microgramos de aluminio por gramo de cerebro seco.

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Figura 10

 

Esta gráfica es similar a la anterior pero las zonas cerebrales estudiadas son otras y los valores son más elevados tanto en los promedios como en los errores asociados. Con estos últimos datos parece que está claro que el aluminio es el causante de la enfermedad de Alzheimer. Pero no. No está tan claro. Analicemos críticamente estos datos y comparémoslos con otros.

Analizando críticamente la hipótesis del aluminio

En Ciencia cuando dos cosas ocurren simultáneamente se dice que están correlacionadas. Pero ello no implica necesariamente que una sea la causa de la otra.

Pongamos un primer ejemplo que lo aclara y que ya de entrada va a generar una primera duda, muy razonable, de que el aluminio podría no ser la causa del Alzheimer. Con los años, la piel de las personas se va haciendo más seca y a partir de cierta edad empiezan a salir arrugas que se van incrementando en número y profundidad. Este  fenómeno, el de las arrugas, está correlacionado con la enfermedad de Alzheimer ya que cuanta mayor cantidad de arrugas se tienen la probabilidad de que se padezca Alzheimer se incrementa. Tanto es así que la mayoría de enfermos que la padecen tienen muchas arrugas… ¿Esto me permite decir que las arrugas son la causa del Alzheimer? Evidentemente no, parece un absurdo. Aquí hay correlación muy clara: a más arrugas, mayor probabilidad de Alzheimer. Pero no es realmente una cuestión de causalidad sino mas bien de casualidad o bien la existencia de al menos una variable oculta.

Vamos a ver estas tres posibilidades:

  1. Causalidad. Este es el caso en que “algo genera otro algo“. Por ejemplo, si se comparan varios coches con distinta potencia en el motor (y que pesen más o menos igual), aquellos coches cuyo motor tiene mayor potencia tienen siempre mayor velocidad máxima. La velocidad está correlacionada con la potencia ya que se consigue mayor velocidad conforme el motor es más potente. Y aquí parece que no hay duda: la variable potencia del motor es la causa de la variable velocidad máxima. Y si bien la correlación entre potencia de motor y velocidad máxima es bidireccional: la potencia se correlaciona con la velocidad al igual que la velocidad se correlaciona con la potencia del motor, la relación causa-efecto es monodireccional. La potencia es la causa y la velocidad es el efecto de esa causa. Pero no al revés. La velocidad máxima no es la causa de la potencia del motor. En el caso del Alzheimer y el aluminio parece que hay correlación pero el hecho de que cerebros con Alzheimer tengan mucho aluminio no implica necesariamente que el aluminio sea la causa y el Alzheimer el efecto. Podría ser al revés, que la enfermedad de Alzheimer modifique las estructuras cerebrales de tal forma que la mayor concentración de aluminio sea la consecuencia y el efecto,  de la causa que en esta suposición sería entonces el Alzheimer.
  2. Variables ocultas. En muchos casos la correlación no responde a una relación causa-efecto entre dos variables, sino a la existencia de al menos una variable oculta, que no se tiene en cuenta pero que es la causa común de ambas variables que correlacionan. En el ejemplo de la correlación arrugas-Alzheimer, descartada la posibilidad que las arrugas sean la causa del Alzheimer o el Alzheimer de las arrugas, sí parece razonable pensar que hay una causa o causas comunes “ocultas” y que operan a través de la edad. Lo más probable es que los mecanismos que están involucrados en el fenómeno de la senectud por un lado sean los causantes de una deshidratación de la piel con formación de arrugas y a la vez sean también estos mismos mecanismos o similares los causantes de que aparezca el Alzheimer. Por tanto arrugas y Alzheimer correlacionan pero no porque entre ellos haya una relación causa-efecto sino porque ambos comparten ciertos mecanismos relacionados con la edad que son las causas comunes de ambos fenómenos. En el caso del aluminio se podría sospechar que no hay una verdadera relación causa-efecto sino alguna variable oculta relacionada con la edad y que es común. Así, en la figura 8 en la que se muestra que hay un incremento natural de aluminio en el cerebro de las personas conforme cumplen años, lo que parece indicar es simplemente que el aluminio es fundamentalmente consecuencia de algún mecanismo oculto relacionado con la edad y que hace que el aluminio se vaya acumulando en el cerebro. De forma similar y en paralelo la misma edad activa mecanismos ocultos que hacen que aparezca el Alzheimer y la correlación entre la acumulación de aluminio y sufrir la enfermedad de Alzheimer sea solo el  resultado de causas comunes a ambos fenómenos.
  3. Casualidad. Hay casos en que dos variables correlacionan por simple y pura casualidad. No hay nada en común, solo que varían por azar de forma similar. Personalmente creo que entre la acumulación de aluminio en el cerebro y la enfermedad de Alzheimer  no hay pura casualidad, no es el simple azar el que ha hecho que ambos fenómenos se comporten de forma similar y por eso correlacionan. Pero esa posibilidad existe. En la web sobre correlaciones espurias (denominadas así aquellas correlaciones que no implican causa-efecto)  http://www.tylervigen.com/spurious-correlations se pueden ver multitud de correlaciones que son debidas al puro azar, casualidad pura y dura. Por ejemplo la correlación espuria o falsa entre el consumo de queso mozzarella y el número de doctorados en ingeniería civil
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Figura 11.- El consumo de queso mozzarella correlaciona con el número de doctorados en ingeniería civil pero evidentemente ninguna de las dos variables tienen relación alguna. Parece muy improbable que consumir este tipo de queso ayude a convertirse en doctor.

 

Pero se puede argumentar que en el caso del aluminio y el Alzheimer hay pruebas que sustentan que sí hay una fuerte relación y que incluso el aluminio sea la causa de esta terrible enfermedad.

Analicemos la figura 7, la de las células cerebrales de rata y humano en las que se ha coloreado el aluminio. Pero hagámoslo de forma crítica, sin dar nada por sentado. En ellas se observa que al inyectar aluminio en el cerebro de las ratas las células acumulan aluminio (normal, se les ha inyectado directamente) y estas células se van degenerando de forma similar a la degeneración observada en seres humanos en distintas etapas del desarrollo de la enfermedad de Alzheimer. Se sabe in vitro e in vivo que el aluminio por sí mismo es neurotóxico. Pero no solo el aluminio, casi cualquier cosa que se inyecte en el cerebro o simplemente se deposite en un tubo de ensayo con células de cualquier tipo, no solo neuronas, tiene efectos tóxicos pasado un cierto umbral de concentración. Además se está haciendo el ensayo de forma acelerada con concentraciones muy elevadas (para no tener que esperar 80 años a que aparezca un posible Alzheimer) y empleando agujas que atraviesan el cráneo, se clavan en la masa cerebral y se inocula algo extraño de forma concentrada. No sería nada de extrañar que se inocule lo que se inocule, los microtúbulos de las neuronas sufran en su estructura y liberen beta-amiloide y se formen ovillos neurofibrilares. Y aparezca un daño similar al Alzheimer… Aquí se genera la duda razonable de que es la forma de operar y no el aluminio en sí el que provoca el daño cerebral. En la figura 7 citada, se ve que conforme se inocula más aluminio en el cerebro de las ratas, éste se va acumulando más y más y las células sufren daños estructurales como en los enfermos de Alzheimer. Vemos incluso que toda la superficie celular se tiñe de color magenta y eso a primera vista da muy mala impresión, como si todo se convirtiera en aluminio y no quedara literalmente sitio para nada más. Pero la vista nos engaña. La técnica de Waltson es capaz de colorear cantidades de aluminio muy pequeñas consiguiendo un color tremendamente intenso que da esa sensación de que todo está “lleno” de aluminio. En los casos donde se colorea más intensamente el aluminio representa tan solo algunas partes por millón, unas cantidades minúsculas. Entonces si ya sabemos que ese color tan intenso que parece como si fuera tremendamente malo y dañino, ahora resulta que responde a cantidades de aluminio minúsculas, ya la cosa parece menos fea.

La figura número 8 ya se ha comentado y representa el incremento de aluminio promedio en el cerebro conforme avanza la edad. Habrá individuos con más aluminio e individuos con menos aluminio. Pero es que si además de analizar el aluminio que hay en el cerebro analizamos la concentración de plomo, un neurotóxico eso sí claramente confirmado, sin duda alguna, tendríamos una gráfica similar. ¿Entonces es el aluminio o es el plomo el que genera el Alzheimer? ¿O son las arrugas en la piel que también se incrementan de forma similar  con la edad? Las arrugas no parece razonable que sean la causa del Alzheimer, ya lo descartamos en su momento sin dudarlo, pero ahora tenemos dos competidores: aluminio y plomo. Pero es que no solo el plomo ha entrado en liza, sino que hay otros neurotóxicos que “compiten” por ser la causa del Alzheimer. Se citan en bibliografía numerosas hipótesis que implican el hierro, el zinc, el cobre, el mercurio… ¿Ahora quién es el causante? ¿El aluminio es suficientemente “malvado” como para hacerlo culpable, cuando otros tan “horripilantes” como el mercurio son también sospechosos? ¿A qué hipótesis nos adherimos entonces? ¿A la del mercurio, la del plomo, la del hierro o la del aluminio cuando todos se acumulan conforme aumenta la edad del individuo? Y esto si solo consideramos la presencia de metales, pero también se propone que la causa podría ser una infección por virus o por priones, como en el caso de las vacas locas, un antecedente conocido que habría que tener en cuenta.

Vale, vale, son muchos los que “quieren” ser la causa del Alzheimer, pero en las figuras 9 y 10 se aprecia  que los enfermos de Alzheimer tienen por término medio más aluminio que los no enfermos. Esto tiene que significar algo. Sí y no. Desde luego los valores medios son superiores, pero la dispersión y el error en estos promedios es muy elevado para los enfermos de Alzheimer, de tal forma que hay enfermos de Alzheimer que tienen mucho aluminio en el cerebro y hay enfermos de Alzheimer que casi no tienen aluminio en el cerebro, incluso menos que individuos sanos. ¿Entonces qué? Si se puede padecer de Alzheimer sin tener aluminio apenas en el cerebro, incluso menos que una persona sana, ¿en donde queda la hipótesis del aluminio?

Los defensores de la hipótesis del aluminio dicen que el aluminio nunca había dado problemas en el ser humano a lo largo de la historia a pesar de ser el tercer elemento más abundante de la corteza terrestre porque hasta hace un siglo el contacto era siempre a través de derivados insolubles del aluminio que no se absorbían con facilidad por el intestino tales como las arcillas y en general los aluminosilicatos, que son la forma más común. En cambio desde que se emplean formas solubles como el alumbre e incluso el propio metal que se puede solubilizar en contacto con medios ácidos, como el de ciertas bebidas y alimentos, sí ha aparecido el Alzheimer y se va incrementando al mismo ritmo que se incrementa el consumo de aluminio. Esta afirmación contiene al menos dos o tres falacias.

La primera falacia es suponer que jamás existió la enfermedad de Alzheimer hasta que este médico encontró una mujer que en apariencia fue la primera persona que la padeció. Esto no es razonable. La enfermedad de Alzheimer es un tipo de demencia senil que se puede confundir con otras muchas demencias. Desde antes de Alzheimer los abuelos han “chocheado” que es como se decía popularmente cuando una persona mayor sufría una demencia senil. Pero es a partir de finales del siglo XIX y principios del XX cuando se empiezan a estudiar las demencias seniles, describirlas y clasificarlas. Ya existían, pero no se describían. Evidentemente, conforme han pasado los años, ha habido más médicos que han sabido identificar la enfermedad de Alzheimer en personas con demencia por la mejora de los medios de diagnóstico y eso hace que la cifra de enfermos aumente a la par que otro fenómeno paralelo que ha sido la popularización entre los siglos XIX y XX del aluminio. Hay por tanto correlación ¿Pero hay causalidad? No hay demostración de ello.

La segunda falacia es decir que los compuesto de aluminio solubles, que en el último siglo se están usando cada vez más, los que tienen el ion Al3+ libre, son los responsables de la enfermedad de Alzheimer ya que se ha comprobado que este ion es neurotóxico. Los aluminosilicatos no liberan AL3+ al intentar disolverlos en agua, porque verdaderamente son insolubles. La arcilla se dispersa en agua, pero no se disuelve. Pero los restos de tierra que pueden ir con los alimentos, el polvo ambiental, etcétera contienen cantidades de aluminosilicatos muy respetables que al llegar al estómago, por el efecto del ácido clorhídrico que contiene, tremendamente ácido, con pH bajísimo, sí se disuelven y liberan el Al3+. Es decir, desde “siempre” el ser humano ha tenido en su estómago iones libres de Al3+. ¿Entonces por qué no ha enfermado masivamente si se le libera en el estómago el temido neurotóxico? Pues muy sencillo, porque después del estómago, los alimentos ya bastante digeridos pasan al intestino en donde el pH deja de ser ácido y el ion Al3+ deja de estar libre y soluble, para estar combinado e insoluble ya. Por encima de un pH>4,5 el aluminio no está libre y no se absorbe. Esta es la razón por la que medicamentos como Almax o Daviscón con cantidades enormes de aluminio se pueden solubilizar parcialmente en el estómago para cumplir su misión como antiácidos pero al pasar al intestino vuelven a estar insolubles y no se absorben prácticamente nada. Los consumidores durante años y años de almagato, el principio activo con aluminio de estos fármacos, no acumulan ni más ni menos aluminio en el cerebro que los no consumidores. Todo esto implica que si se ingiere alumbre formado por aluminio Al3+, cuando llegue al intestino se insolubiliza y la absorción de aluminio es minúscula. Se evalúa que el aluminio absorbido no supera el 0,25% del total ingerido. Dicho de otra manera, que si uno se come un bocadillo de jamón con el papel de aluminio incluido (si se tiene mucha hambre y se come uno hasta el envoltorio) la cantidad de aluminio que llega a la sangre es ridícula. Y que los cosméticos, los envases para alimentos, el agua de bebida, etcétera que contienen aluminio no representan ningún peligro.

Y la tercera falacia es pensar que el neurotóxico Al3+ es lo que llega al cerebro y si se inyecta en un cerebro de rata se produce destrucción del tejido neuronal por su efecto. El cerebro, como todos los órganos del cuerpo está a un pH muy aproximadamente neutro unas décimas por encima de 7, y ese pH el AL3+ no existe. Y si se inyecta este ion directamente, con toda la carga ácida que implica, no se está recreando un escenario real sino uno ficticio y los resultados de laboratorio no serán comparables a lo que le ocurre a las personas durante decenas de años.

Conclusión

Como se aprecia, no es fácil dar por demostrado, asentado y confirmado en cuanto a qué es la causa de la enfermedad de Alzheimer. Son muchas las hipótesis que compiten y entre ellas las del aluminio. De todas me parece que es de las menos razonables y no hay evidencias con suficiente fuerza como para culpabilizarlo de esta enfermedad. Alguna relación tiene que tener, pero más que como causa, como consecuencia.

No hay motivos por tanto para desconfiar del aluminio de las latas de refrescos y cerveza, del papel de aluminio para envolver los alimentos, de los recipientes para contenerlos por ejemplo en congelados, del aluminio del agua potable, del presente en desodorantes y otros cosméticos, del de objetos en el hogar como sillas, ollas, marcos de ventanas. Ni por supuesto desconfiar del aluminio que forma parte de los ladrillos, del cemento, ni de la tierra que pisamos y sobre la que cultivamos nuestros alimentos. No hay que desconfiar del tercer elemento más abundante de la corteza terrestre.

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Figura 12.- Símbolo del aluminio en los envases de este metal. Es un material que se recicla muy fácilmente

 

Bibliografía:

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